viernes, 14 de agosto de 2026

EL AUTOBUS DEL EQUIPO, EL SEGUNDO VESTUARIO

Hoy quiero escribir sobre algo que también forma parte de un equipo, como son las horas dentro del autobús.
Esta temporada 25/26, con el Levante UD Femenino en Liga F, gran parte de nuestros desplazamientos fueron por carretera. Viajes de tres, cinco, siete, nueve horas donde jugadoras y cuerpo técnico compartimos un espacio cerrado en el que, además de viajar, convives.

El autobús es un lugar vivo, hay risas, conversaciones, auriculares, películas, bromas, sueño, alguna cerveza después de una victoria… y mucho silencio después de una derrota.
Y, como en cualquier vestuario, cada una acaba teniendo su espacio, casi siempre su mismo asiento, sus rutinas y hasta sus pequeñas manías. También hay códigos de convivencia: compartir un cargador, prestar un enchufe, bajar la voz cuando alguien duerme o preguntar si alguien necesita algo en una parada. Y ahí aparece una figura fundamental: la delegada, que consigue que todo funcione y que ese pequeño mundo sobre ruedas tenga cierto orden. Pequeños detalles que construyen equipo.

Esta temporada he vivido viajes de ida llenos de ilusión, imaginando el partido, revisando decisiones, repasando detalles con el cuerpo técnico o simplemente mirando por la ventana mientras nos acercábamos al destino.

Pero recuerdo especialmente los viajes de vuelta. He hecho viajes de 7, 8 y 9 horas después de haber ganado, empatado y, por desgracia, muchas veces después de haber perdido.
Y muchas horas en el autobús después de una derrota dan para pensar demasiado. Aparte de analizarlo todo, revisar tus decisiones, volver a ver el partido… recuerdo como un cuchillo el silencio del autobús tras la derrota. Ese silencio que casi se puede tocar, donde nadie sabe qué decir, donde no existen las palabras apropiadas para romperlo. Entonces miras por la ventana, ves cómo cae la noche y te das cuenta de que todavía quedan muchos kilómetros.
Y era precisamente ahí cuando empezaba a pensar en el día siguiente: en cómo sostener al equipo, en qué palabras utilizar, en qué frases decir, en cómo volver a levantarnos, en cómo enfocar los entrenamientos...
Y, curiosamente, mientras construía ese mensaje en mi cabeza, volvía poco a poco a recobrar la ilusión por empezar otra semana y competir de nuevo.

No soy de los que suelen hablar al finalizar un partido. Prefiero sedimentar las emociones, tener un periodo de reflexión y después generar una estrategia comunicativa con una clara intención sobre el grupo.

Y para terminar, en toda esta ecuación falta alguien muy importante: el conductor/a; en nuestro caso, conductor.
Con el tiempo acaba siendo uno más. Celebra a su manera nuestras victorias y también siente como propias nuestras derrotas. Admiración absoluta a los conductores: mientras nosotros seguimos pensando en fútbol, él continúa haciendo kilómetros para llevarnos a casa.
Hay mucho fútbol que ocurre lejos del césped y una buena parte de él ocurre en un autobús.
Andrés París

Andrés París
Pedagogo deportivo y entrenador de fútbol